La calidad
del ambiente de trabajo influye directamente en el bienestar de las personas.
El polvo, los alérgenos, las bacterias y los microorganismos pueden acumularse
sobre escritorios, equipos informáticos, moquetas o sistemas de climatización
si no se siguen protocolos de limpieza adecuados.
La
desinfección periódica de superficies de contacto frecuente, como teclados,
teléfonos, interruptores, pomos de puertas o mesas de reuniones, ayuda a
reducir la propagación de gérmenes y contribuye a disminuir el riesgo de
contagios, especialmente durante los meses de mayor incidencia de enfermedades
respiratorias.
Además, unas
oficinas limpias generan una sensación de mayor confort y cuidado, aspectos que
repercuten positivamente en el clima laboral.